miércoles, 29 de septiembre de 2021

Ella

 La veo allí sentada, con su piel de porcelana, su sonrisa perfecta, su cabello lacio y brillante como seda. Sus ojos oscuros te absorben, al verlos sólo puedes sentir calma. Camina y su cuerpo es armonía pura, las proporciones y la genética han sido benévolas con ella. Es además un placer sentarse a conversar, o tan sólo escucharla hablar. Es tan inteligente, ocurrente, graciosa… Tiene un apunte para cada tema, sabe desde deportes hasta de cocina. Es entendible que muchos caigan rendidos a sus pies.


¿Cómo podría odiarla? Su nombre podría ser “perfección” y no es su culpa ser mucho más de lo que yo podré alcanzar algún día. ¿Cómo podría reprocharle? Hasta yo me perdería en sus ojos y en sus curvas si esa fuera mi preferencia.


Sin embargo, su presencia me llega a perturbar; al verla me siento desolada. Su llegada es presagio de desdichas; no se va sin alejar de ti a quienes más quieres. Así como la admiro, le tengo miedo; siento pánico al tenerla cerca.


Anhelo su belleza e inteligencia, pero no podría soportar la eterna soledad con la que se queda al final del día. Ella, admirada y temida muerte.

sábado, 28 de noviembre de 2020

Nostalgia

 

Me gustan los días lluviosos, fríos. Ver la lluvia a través de la ventana, como las luces y los objetos se desdibujan detrás de cada gota de agua. Ver los carros a lo lejos, las personas corriendo bajo sus paraguas. Ver la lluvia recorriendo todo, como si estuviese bañando el mundo, llevándose todo lo que nos duele, arrastrando la tristeza y dejando la humedad de la nostalgia.


La nostalgia, con todos los recuerdos que llegan con la lluvia: El primer beso bajo la llovizna bogotana, el abrazo al compartir una sombrilla, la chaqueta prestada para no morir del frío, el café como excusa para esperar que escampe... Tal vez eso es lo que más me gusta de la lluvia, combina conmigo y mi nostalgia, se lleva mis lágrimas y me llena de recuerdos hermosos, recuerdos que ya nada me puede quitar.


Cada gota en el tejado o en los vidrios va creando una melodía, la música del cielo, rimando con la fuerza de mi corazón. Música que relaja, tanto que es ideal para dormir. Me gustan las noches lluviosas porque el sonido de la lluvia acalla el bullicio de la calle y de mi mente.


Me gusta dormir arrullada por la lluvia, poder olvidarme de todo aunque sea por un momento. Olvidar que mi alma es un desierto, olvidar que estoy seca por dentro, que no hay nada que en mi pueda brotar. Olvidar que hice de mi un desastre, un conjunto de rocas y arena que sólo sirven para herir, para arrumar y olvidar.


Termina de llover, y el cielo se ve más claro, despejado, brillante. Así se ven mis ojos después de la tormenta, así queda mi mente cuando por fin puedo dejar de pensar. Se ve por fin la luz de la luna, rozando el suelo en un beso largo, dibujando sombras inquietas, haciendo amable la noche, una noche que quisiera fuese eterna, porque aunque amanezca ya no hay sol aquí.

martes, 30 de abril de 2019

Gotas de rocío

Sale el sol en el horizonte, calienta cada una de las pequeñas gotas de rocío que se encuentran en las flores y en la hierba. Cada gota empieza a sentirse extraña, empieza a bailar al ritmo que le canta el viento. Con su baile se transforman, se convierten en vapor y viajan con el viento a conocer otros parajes. Cada gota se llena de recuerdos, de alegrías, de todos los sentimientos que observan en su travesía.

Así funciona el amor: estamos quietos, a oscuras, fríos, y cuando aparece en el horizonte nos calienta. Nos inquieta, no sabemos lo que nos está pasando, empieza a transformarnos, nos hace bailar, nos hace sentir que hay algo más en la vida. Nos eleva, nos lleva a un viaje en el que nos llenamos de recuerdos y experiencias. Emprendemos una travesía que no queremos que termine jamás.

Pero así como un día las gotas de lluvia de nuevo se enfrían y regresan como llanto del cielo a la tierra, así mismo el amor también un día se enfría, se transforma y el viaje llega a su fin.

Entonces, ¿Qué es lo importante?

No olvidar todo lo que se recogió en el viaje

miércoles, 3 de abril de 2019

Camino

Anochece y empiezan a verse las estrellas. La luz de la luna me acompaña, el camino por delante aún es largo. El murmullo de los árboles se convierte en música y las cigarras llevan la melodía con su canto. Los recuerdos se agolpan en mi mente, las sonrisas, los momentos compartidos, cada una de las palabras dichas. Las piernas se empiezan a sentir pesadas; más que el cansancio pesa la vida. Tantas cosas por decir, tantas caricias pendientes, tantos besos sin destino. Desde que partiste cada día está lleno de ausencia y duele saber que de la muerte no hay regreso. Respiro y sigo adelante, detenerse no es una opción cuando al otro lado aún hay alguien que te espera.

domingo, 2 de diciembre de 2018

Soledad

Darte cuenta de que en realidad estás solo, que a nadie le importa si estás vivo. ¿Y por qué te preocupa? Que a tí te importen los demás, no implica que los demás tengan que preocuparse por tí. Nadie está obligado a hacerlo. Debes aprender a vivir solo, a estar en compañía de tus pensamientos y nada más, a no depender de nada ni de nadie. A eso le llaman libertad. Aunque a veces no parezca, no necesitas de nadie para estar bien. Si, la soledad duele, la falta de reciprocidad duele, pero nadie te obliga a hacer cosas por los demás. La realidad duele, que es la que ataca cuando estás solo. Aprende a aceptar tu realidad y a cambiar lo que esté en tus manos. Haz las cosas por tí, finalmente a nadie le importa tu esfuerzo y tus dificultades.