lunes, 6 de febrero de 2017
Sueños
Llega la noche y no se percibe nada más que el sonido de la música en la habitación. Sólo el movimiento suave de las sábanas sobre su cuerpo revela su presencia. Allí está ella, con sus ojos cerrados mientras sueña con un mundo paralelo donde él está a su lado para aplacar el frío. Y es que más fuerte que el frío de la noche es el frío de la soledad, de un corazón roto y abandonado, de un alma que ha perdido la fe. Ella sueña con sus manos recorriendo cada centímetro de su cuerpo y sus dulces besos cubriendo todos los pliegues de su piel. No quiere que acabe ese idilio que no existe más allá de sus sueños. Pero despertar es inevitable, volver a la realidad una obligación; aceptar que, como lo dijo Segismundo, "toda la vida es sueño y los sueños, sueños son". Ella debe entender que él no es más que una invención de su loca imaginación y que en la realidad para él ella es una más, una sombra en la multitud; para él, ella no existe.
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