Hay momentos de la vida en los que uno se siente perdido, sin rumbo fijo y sin tener la menor idea de dónde está el norte. También hay momentos donde se siente que la vida que es como una cabra suelta en el monte, loca y corriendo en todas direcciones. Y qué difícil es volver a tomar las riendas de la propia vida, más cuando se ha dejado que todo el mundo tome las decisiones con respecto a ella. Es cuestión de valor, de decisión y, aunque no lo crean, de una gran autoestima. Y es que, usualmente, cuando la vida ha dejado de funcionar como se quisiera es porque no se valora como se debiera. Es cierta la frase de que nunca es tarde, pero también hay que tener en cuenta que el tiempo es muy corto, no tenemos la certeza de tener un mañana. Por algo dicen que las oportunidades se presentan calvas, y por lo general no se presentan dos veces. Hay que hacer los cambios que sean necesarios, drástica y disciplinadamente, porque siempre se puede decidir y volver al camino que había sido trazado en nuestra mente.
miércoles, 24 de julio de 2013
La princesa que no era feliz (19 de junio de 2013)
Érase una vez una princesa, de esas que hablan los cuentos de hadas. Pero ella no era feliz a pesar de tener todo lo que deseaba, y nadie se explicaba el porqué de su inmensa tristeza. Sus familiares, amigos y súbditos buscaban mil maneras de hacerla sonreír sin resultado, ni siquiera sirvió la fila de personas pegadas a un ganso de oro de otro cuento.
La princesa así vivió y murió, y nunca nadie supo que el causante de su tristeza era aquel sapo que en secreto había besado; quien habiéndose convertido en príncipe se marchó con la promesa de regresar un día. No regresó, pues se encontró con otra princesa más bella que accedió a besarlo. Los sapos pueden cambiar de forma, pero nunca dejarán la costumbre de besar a todas las princesas de los cuentos.
Los enfermizos Celos
Resulta extraño ser protagonista de una escena de celos cuando ni en tus sueños has pensado en algo con determinado Fulano, y eso me ha llevado a pensar sobre los CELOS, así que he decidido plasmar algunos de mis pensamientos al respecto, y algunos consejos, especialmente para las celosas...
Empecemos por aclarar que los celos parten de la inseguridad y de la desconfianza. Si alguien te eligió es porque en ti encontró algo que no tiene ninguna otra, porque eres UNICA. Piensa en qué es eso que te hace única, las cosas que sólo tu tienes y te hacen especial para esa persona. Por otro lado, uno se va a buscar afuera las cosas que no tiene en casa. Y no estoy hablando de eso que nunca le darás o lo que no le has dado. Me refiero a lo que has acostumbrado a tu pareja: Los detalles, las caricias, las palabras lindas, los planes, etc... Piensa en qué estás fallando, qué le hace falta a tu pareja, en qué puedes mejorar... Claro, la culpa de que a uno le pongan cachos no es sólo de uno, es de los dos!!! Si estás segura de lo que eres, de lo que tienes, de ser única para el otro, de que te quiere sinceramente, ¿de qué preocuparse? Si te quiere y te valora ¿para qué va a dejarte? Y si no te quiere de verdad, no vale la pena, así que es mejor que se vaya con otra (así el corazón duela)
Hay un refrán muy cierto:
EL QUE LAS USA, LAS IMAGINA.
¿No será que has sido infiel, muy infiel, y temes que el destino te devuelva las cosas que has hecho?
Tal vez estás predispuesta a que eso pase. Recuerda:
TODO ESTA EN LA MENTE
y si estás pensando en que te va a llegar la desgracia, así será porque con esa mala energía te encargarás de espantar a ese ser que está contigo. Como dice un gran amigo: Uno de los pilares de cualquier relación es la CONFIANZA. Si quieres que una relación perdure confía. Si todo el tiempo estás dudando de lo que te dicen o pensando en que tu pareja va a aprovechar cualquier momento que no esté contigo para ponerte cuernos es porque desconfías del amor o del cariño que te profesan. Sin confianza el camino es más difícil.
Confiar no significa ser estúpido Si, podemos tener dudas, sospechas y NUNCA debemos callarlo. Lo que pasa es que hay que saber hacer los reclamos con INTELIGENCIA. Los hombres odian las mujeres cantaletosas, por más que un niño te adore y de la vida por ti no se va a aguantar toda la vida que diariamente estés encima: Dónde estabas? Con quién estabas? Quién te llamó? Por qué te está llamando? Quién es esa? Nooooooooo!!!!!!!!! Eso es una pesadilla!!!! Hay que aprender a manejar la situación y poner las cosas a tu favor. Para eso hay que PENSAR y tener cabeza fría.
Empieza por calmarte. Cuenta hasta 10 y NUNCA lo enfrentes con furia. Luego analiza la situación, las pruebas, y prepara argumentos. Búscalo y háblale sin rodeos de la situación. Recuerda que para tener la ventaja SIEMPRE debes tener argumentos, soportes, para todo lo que vayas a decir. Luego analiza sus respuestas. Debes ser observadora, analítica y muy buena escucha, así podrás "cogerlo en la mentira" y ratificar tus sospechas o recibir una respuesta que te deje tranquila y haga retornar la confianza. Nunca calles lo que piensas, no ocultes lo que te disgusta. Callar sólo empeora las cosas, una relación fuerte necesita de sinceridad para seguir creciendo.
Dos últimos consejos. Uno: Nunca actúes en contra de tus creencias, de lo que eres y de lo que piensas; no vale la pena pasar por encima de ti misma por más amor que le tengas a una persona. Dos: Respeta la intimidad, confía. Es de pésimo gusto revisar celulares, correos, facebook, mesa de noche, billetera y demás cosas personales del otro. Cada quién necesita su espacio, la intimidad fortalece la personalidad de los individuos. No transgredas los límites, es una actitud sencillamente fastidiosa.
Para terminar: Mujer, no hagas a tu prójimo lo que no quieres para ti. Uno no se da cuenta de lo que tiene hasta que lo pierde. No le des tanta cantaleta, lo vas a aburrir!!!!
Decálogo del escritor, de Augusto Monterroso
Primero.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.
Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.
Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: "En literatura no hay nada escrito".
Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.
Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.
Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.
Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.
Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.
Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.
Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.
Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.
Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.
El autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez.
Cuando tengas algo que decir, dilo; cuando no, también. Escribe siempre.
Segundo.
No escribas nunca para tus contemporáneos, ni mucho menos, como hacen tantos, para tus antepasados. Hazlo para la posteridad, en la cual sin duda serás famoso, pues es bien sabido que la posteridad siempre hace justicia.
Tercero.
En ninguna circunstancia olvides el célebre díctum: "En literatura no hay nada escrito".
Cuarto.
Lo que puedas decir con cien palabras dilo con cien palabras; lo que con una, con una. No emplees nunca el término medio; así, jamás escribas nada con cincuenta palabras.
Quinto.
Aunque no lo parezca, escribir es un arte; ser escritor es ser un artista, como el artista del trapecio, o el luchador por antonomasia, que es el que lucha con el lenguaje; para esta lucha ejercítate de día y de noche.
Sexto.
Aprovecha todas las desventajas, como el insomnio, la prisión, o la pobreza; el primero hizo a Baudelaire, la segunda a Pellico y la tercera a todos tus amigos escritores; evita pues, dormir como Homero, la vida tranquila de un Byron, o ganar tanto como Bloy.
Séptimo.
No persigas el éxito. El éxito acabó con Cervantes, tan buen novelista hasta el Quijote. Aunque el éxito es siempre inevitable, procúrate un buen fracaso de vez en cuando para que tus amigos se entristezcan.
Octavo.
Fórmate un público inteligente, que se consigue más entre los ricos y los poderosos. De esta manera no te faltarán ni la comprensión ni el estímulo, que emana de estas dos únicas fuentes.
Noveno.
Cree en ti, pero no tanto; duda de ti, pero no tanto. Cuando sientas duda, cree; cuando creas, duda. En esto estriba la única verdadera sabiduría que puede acompañar a un escritor.
Décimo.
Trata de decir las cosas de manera que el lector sienta siempre que en el fondo es tanto o más inteligente que tú. De vez en cuando procura que efectivamente lo sea; pero para lograr eso tendrás que ser más inteligente que él.
Undécimo.
No olvides los sentimientos de los lectores. Por lo general es lo mejor que tienen; no como tú, que careces de ellos, pues de otro modo no intentarías meterte en este oficio.
Duodécimo.
Otra vez el lector. Entre mejor escribas más lectores tendrás; mientras les des obras cada vez más refinadas, un número cada vez mayor apetecerá tus creaciones; si escribes cosas para el montón nunca serás popular y nadie tratará de tocarte el saco en la calle, ni te señalará con el dedo en el supermercado.
El autor da la opción al escritor de descartar dos de estos enunciados, y quedarse con los restantes diez.
Sobre el arte de escribir cuentos (De Roberto Bolaño)
"Como ya tengo 44 años, voy a dar algunos consejos sobre el arte de escribir cuentos.
1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.
2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.
3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.
4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.
5. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.
6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.
7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas sabe nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!
8. Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.
9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.
10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.
11. Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.
12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo."
1. Nunca abordes los cuentos de uno en uno, honestamente, uno puede estar escribiendo el mismo cuento hasta el día de su muerte.
2. Lo mejor es escribir los cuentos de tres en tres, o de cinco en cinco. Si te ves con energía suficiente, escríbelos de nueve en nueve o de quince en quince.
3. Cuidado: la tentación de escribirlos de dos en dos es tan peligrosa como dedicarse a escribirlos de uno en uno, pero lleva en su interior el mismo juego sucio y pegajoso de los espejos amantes.
4. Hay que leer a Quiroga, hay que leer a Felisberto Hernández y hay que leer a Borges. Hay que leer a Rulfo, a Monterroso, a García Márquez. Un cuentista que tenga un poco de aprecio por su obra no leerá jamás a Cela ni a Umbral. Sí que leerá a Cortázar y a Bioy Casares, pero en modo alguno a Cela y a Umbral.
5. Lo repito una vez más por si no ha quedado claro: a Cela y a Umbral, ni en pintura.
6. Un cuentista debe ser valiente. Es triste reconocerlo, pero es así.
7. Los cuentistas suelen jactarse de haber leído a Petrus Borel. De hecho, es notorio que muchos cuentistas intentan imitar a Petrus Borel. Gran error: ¡Deberían imitar a Petrus Borel en el vestir! ¡Pero la verdad es que de Petrus Borel apenas sabe nada! ¡Ni de Gautier, ni de Nerval!
8. Bueno: lleguemos a un acuerdo. Lean a Petrus Borel, vístanse como Petrus Borel, pero lean también a Jules Renard y a Marcel Schwob, sobre todo lean a Marcel Schwob y de éste pasen a Alfonso Reyes y de ahí a Borges.
9. La verdad es que con Edgar Allan Poe todos tendríamos de sobra.
10. Piensen en el punto número nueve. Uno debe pensar en el nueve. De ser posible: de rodillas.
11. Libros y autores altamente recomendables: De lo sublime, del Seudo Longino; los sonetos del desdichado y valiente Philip Sidney, cuya biografía escribió Lord Brooke; La antología de Spoon River, de Edgar Lee Masters; Suicidios ejemplares, de Enrique Vila-Matas.
12. Lean estos libros y lean también a Chéjov y a Raymond Carver, uno de los dos es el mejor cuentista que ha dado este siglo."
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