Su corazón se había vuelto frío y oscuro como la noche; se había escondido bajo la coraza de sus lágrimas, de sus suspiros y desilusiones, de tantas noches esperando una gota de amor. En el fondo brillaba una pequeña luz; aún guardaba la esperanza de amar y ser correspondida.
miércoles, 10 de mayo de 2017
viernes, 5 de mayo de 2017
Perdida. Mayo 5 de 2017
Era una de esas noches hermosas en las que el frío no cala los huesos y las calles capitalinas parecen dormidas. Caminaba por sus calles favoritas, como solía hacerlo en noches así. Pero esa noche era diferente, caminaba sola. No tenía esa mano cálida que protegía la suya ni el abrazo que la invitaba a relajarse y disfrutar de la noche. No pararía en los antejardines, como niña de colegio, a robar una de esas pequeñas rosas y ponerla en su cabello para luego recibir un beso dulce como chocolate.
Cada esquina le traía un recuerdo y con cada uno de ellos una lágrima resbalaba por su rostro. Y no porque los recuerdos fueran dolorosos, por el contrario, eran tan felices que lo que dolía era que fueran precisamente eso, recuerdos y no realidades. Lloviznaba pero no por eso se detuvo. Qué mejor que las gotas de lluvia mezclándose con sus gotas de tristeza y añoranza.
Llegó al lugar donde el café se convirtió en un ritual para los dos, donde pasaron muchas horas mirándose a los ojos, entre besos, risas, palabras y sus manos entrelazadas. Entró y pidió lo de siempre, para continuar con la rutina de las noches hermosas, aunque fuera la primera en la que estaba sola.
Y allí, con una taza de café, tomó una servilleta y empezó a escribir. Era tanto lo que extrañaba de él, que una servilleta no alcanzaba para expresarlo todo. Pasados dos cafés y unas cuantas servilletas decidió continuar con su recorrido.
Sin embargo sus pies tomaron una dirección extraña y la llevaron por calles que no se encontraban en sus planes. Se detuvo frente a su puerta y con el corazón saliéndose del pecho decidió timbrar. Él salió, sorprendido y en pijama. Ella no lo dejó hablar, no dudó en besarlo a pesar de estar húmeda y congelada. Antes de dar la vuelta e irse, y tal vez para siempre, puso las servilletas en su mano y le dijo que había salido a caminar como solía hacerlo siempre en noches como esa, pero sus pies habían decidido cambiar el camino, porque ella sin él estaba perdida.