viernes, 20 de octubre de 2017

El silencio

Ese momento en el que el silencio de la noche abarca todo y quedas en compañía de tus pensamientos y conversas contigo mismo, como si de los mejores amigos se tratara. Y empiezas a reprocharte, porque una vez más has dejado inmiscuir un intruso; has dejado intervenir al corazón. Así me encuentro, pensando y recordando, tratando de encontrarle lógica a tu actuar.

Mis silencios siempre son para ti un misterio, porque no sabes lo que pasa en mi interior cuando estoy a tu lado. No es que no tenga nada que decir; sólo me encanta escuchar tus historias y tus pensamientos. Además de que me pierdo en tus ojos y en el movimiento de tus labios, que invitan a un beso.

Un beso... Algo que anhelo y a lo que le temo. Por eso prefiero buscar tu olor en otro cuerpo, tu dulzura en otros labios, tu picardía en otra sonrisa, tu inteligencia en otros ojos. Te juro que lo he intentado. Otros me han besado, otros me han amado, otros me han tocado. Pero no puedo dejar de pensar en si fueran tus manos y tus labios los que recorren cada poro; en tus labios, tu olor y la suavidad de tus manos. Es más fácil aceptar las caricias de otro que arriesgarme a sentir una vez más tu desprecio.

lunes, 28 de agosto de 2017

Ausencia

Una noche más sin tus labios recorriendo cada espacio. Una noche más en la que decidiste no estar conmigo. Una noche para amarte menos.  Cierro los ojos, imagino que estás aquí, que te importa tan sólo un poco lo que pasa conmigo. Pero al abrirlos sólo veo la fría luz de luna. Duele tu ausencia, esperar una palabra, anhelar un abrazo que no llega. Duele saber que no habrá más cafés compartidos. Duele no tenerte. Aún así no me arrepiento de haberte amado con cada parte de mi ser y entregarte lo mejor de mi. Eres una bonita historia.

miércoles, 10 de mayo de 2017

Oscuridad

Su corazón se había vuelto frío y oscuro como la noche; se había escondido bajo la coraza de sus lágrimas, de sus suspiros y desilusiones, de tantas noches esperando una gota de amor. En el fondo brillaba una pequeña luz; aún guardaba la esperanza de amar y ser correspondida.

viernes, 5 de mayo de 2017

Perdida. Mayo 5 de 2017

Era una de esas noches hermosas en las que el frío no cala los huesos y las calles capitalinas parecen dormidas. Caminaba por sus calles favoritas, como solía hacerlo en noches así. Pero esa noche era diferente, caminaba sola. No tenía esa mano cálida que protegía la suya ni el abrazo que la invitaba a relajarse y disfrutar de la noche. No pararía en los antejardines, como niña de colegio, a robar una de esas pequeñas rosas y ponerla en su cabello para luego recibir un beso dulce como chocolate.

Cada esquina le traía un recuerdo y con cada uno de ellos una lágrima resbalaba por su rostro. Y no porque los recuerdos fueran dolorosos, por el contrario, eran tan felices que lo que dolía era que fueran precisamente eso, recuerdos y no realidades. Lloviznaba pero no por eso se detuvo. Qué mejor que las gotas de lluvia mezclándose con sus gotas de tristeza y añoranza.

Llegó al lugar donde el café se convirtió en un ritual para los dos, donde pasaron muchas horas mirándose a los ojos, entre besos, risas, palabras y sus manos entrelazadas. Entró y pidió lo de siempre, para continuar con la rutina de las noches hermosas, aunque fuera la primera en la que estaba sola.

Y allí, con una taza de café, tomó una servilleta y empezó a escribir. Era tanto lo que extrañaba de él, que una servilleta no alcanzaba para expresarlo todo. Pasados dos cafés y unas cuantas servilletas decidió continuar con su recorrido.

Sin embargo sus pies tomaron una dirección extraña y la llevaron por calles que no se encontraban en sus planes. Se detuvo frente a su puerta y con el corazón saliéndose del pecho decidió timbrar. Él salió, sorprendido y en pijama. Ella no lo dejó hablar, no dudó en besarlo a pesar de estar húmeda y congelada. Antes de dar la vuelta e irse,  y tal vez para siempre, puso las servilletas en su mano y le dijo que había salido a caminar como solía hacerlo siempre en noches como esa, pero sus pies habían decidido cambiar el camino, porque ella sin él estaba perdida.

lunes, 6 de febrero de 2017

Sueños

Llega la noche y no se percibe nada más que el sonido de la música en la habitación. Sólo el movimiento suave de las sábanas sobre su cuerpo revela su presencia. Allí está ella, con sus ojos cerrados mientras sueña con un mundo paralelo donde él está a su lado para aplacar el frío. Y es que más fuerte que el frío de la noche es el frío de la soledad, de un corazón roto y abandonado, de un alma que ha perdido la fe. Ella sueña con sus manos recorriendo cada centímetro de su cuerpo y sus dulces besos cubriendo todos los pliegues de su piel. No quiere que acabe ese idilio que no existe más allá de sus sueños. Pero despertar es inevitable, volver a la realidad una obligación; aceptar que, como lo dijo Segismundo, "toda la vida es sueño y los sueños, sueños son". Ella debe entender que él no es más que una invención de su loca imaginación y que en la realidad para él ella es una más, una sombra en la multitud; para él, ella no existe.