jueves, 3 de julio de 2014

Carta Inconclusa (Texto escrito en 2007)

Me encanta contemplarte mientras duermes. Ver tus ojos cerrados, guardando las ilusiones que en ellos brillan para que no se escapen, ilusiones que navegan en el mar negro de tus pupilas como traviesos pececitos de colores. Traviesos como tú, mi niño consentido.

Sentir tu piel suave y tersa, esa piel tibia que me arropa cuando tengo frío. Quisiera que todas las noches fuera mía y no tener que estar siempre tan sola, helada, en una muerte que me acoge todas y cada una de las noches que no estoy contigo. Sentir tu piel desnuda bajo mis dedos hace que te sienta más mío, eternamente mío, en un universo de piel que no termina. Y pasar mis manos por cada uno de tus vellos, que hacen erizar mi piel, que muere de deseos por ser tuya.

El aroma de tu piel, el sabor de tus labios, la fortaleza de tus brazos. Todo me hace caer como damisela en peligro, como las princesas de mis cuentos. Me haces caer en un ritual prohibido pero generoso; generoso para los que se aman.

No sé en que momento empezamos a hacer el amor, bueno, en que momento empecé a sentirlo así, porque para ti, como para todos, esto es sólo sexo...

No hay comentarios:

Publicar un comentario